FOTO: Las trece protagonistas de la plantilla celebrando el triunfo ante CBS (Frederick Ortiz)
Hay temporadas que se explican con números. Y luego está la de Celta Femxa Zorka, que se cuenta casi como una historia que fue creciendo semana a semana hasta hacerse gigante: 26 victorias consecutivas que ya forman parte de la memoria reciente del baloncesto vigués.
El equipo de Navia convirtió su pista en un fortín y, lejos de casa, aprendió a competir con la misma naturalidad. Daba igual el contexto, el rival o el momento del partido: este Celta siempre encontraba la manera. A veces desde la defensa, otras desde el acierto, muchas desde el carácter.
La racha comenzó con incertidumbre, dejándose remontar doce puntos ante Recoletas Zamora y decidiendo Diana Cabrera a falta de 8 segundos. En Cáceres, otro final apretado aunque el marcador así no lo refleje, y ante Melilla primera remontada épica de seis puntos en los últimos 26 segundos para vencer en la prórroga. La victoria con menos complicaciones llegó en la pista de Canoe y con otra remontada épica, en partido adelantado antes de las ventanas FIBA; el equipo dio un golpe de mano en la cancha de Ardoi.
La racha fue cogiendo cuerpo casi sin hacer ruido al principio. Una victoria, otra, y otra más. Hasta que dejó de ser una buena dinámica para convertirse en algo excepcional. La primera vuelta terminó con balance de 14-1, tras una lustrosa victoria ante Unicaja Mijas. Jornada tras jornada, el equipo fue superando obstáculos, resolviendo finales ajustados y también firmando actuaciones de autoridad que confirmaban que no era casualidad. Los obstáculos vinieron en forma de lesiones de gravedad. Primero fue Sara Vidal, la valiente capitana. La siguiente fue Carlota Menéndez, en su primer año en Vigo. Llegaron en su lugar Iris Vennema y el retorno a casa de Marina Gea, heroína del ascenso en 2023 y con ansias de repetir la gesta.
El Celta llegó a completar una vuelta entera sin perder, un registro al alcance de muy pocos. El camino continuó con un valioso triunfo en otro partido crucial: la victoria en casa ante el todopoderoso Azul Marino Mallorca Palma, con Alba Torrens retornando a la ciudad donde se formó y fue feliz. Era la única forma de presionar a las baleares, que no cejaron en su empeño. Llegaron a la jornada 28 los dos equipos igualados en le balance (27-1). La racha se fue estirando hasta situarla en esas 26 victorias consecutivas que ahora quedan como referencia en la categoría.
El final llegó, como siempre ocurre en el deporte. Una derrota que puso punto final a la serie, pero que no cambia lo esencial: lo logrado ya estaba hecho. El Celta había empujado sus propios límites y había firmado una de las mejores trayectorias que se recuerdan en la Liga Challenge. Una racha que le debe dar ánimos para seguir y encarar el mes de competición que les queda, donde se va a decirir lo realmente importante, porque lo mejor todavía está por venir.
Pero más allá de clasificaciones o desenlaces, lo que deja esta temporada es la sensación de haber visto a un equipo especial. Uno de esos que, durante unos meses, hizo que ganar pareciese casi una costumbre.
